sábado, 23 de abril de 2016

LA MUJER POLICÍA. - Por M.J.M.M.

Mi madre me decía de pequeña que era una cabezota y me gustaba llevar la contraria, pero yo no lo creo, lo que no me gustaba era que me trataran de modo distinto que a mis hermanos solo porque yo era mujer.

A ellos les inculcaron desde pequeños que me tenían que cuidar y a mí que les tenía que servir, pero yo no estaba por la labor, ni era sumisa ni servicial, y me revelaba pues no me gustaba que me controlasen ni que siempre fuese yo la que tenía que ayudar en las tareas de la casa, a ellos casi nunca les mandaban esas cosas.

¡Qué niña más protestona! —decía mi abuelo— toda la vida las mujeres se han ocupado de la casa y de cuidar al marido y los hijos. Eso era en tus tiempos —le contestaba yo— ahora las mujeres trabajan fuera de casa y todo se hace a medias. Él era un machista de cuidado y con una mente retrógrada.

Cuando dije en casa que quería ser policía, se lo tomaron a risa, pero cuando vieron que yo iba en serio intentaron desanimarme diciéndome que no era un trabajo para una mujer, que somos más débiles físicamente y no iba a pasar las pruebas. Mi madre llegó a decirme —¡Qué pena! con lo mona que tú eres y vas a tener que ponerte ese uniforme que no favorece nada — pero yo ni caso, todo lo contrario, esos comentarios hacían que me creciese aún más, fue para mí como un reto personal.

Fui a un gimnasio a prepararme a fondo, me sobraban unos kilos y no era precisamente una atleta, así que endurecer mis músculos fue muy duro, me dolía todo el cuerpo, pero al final conseguí tener buena forma física.

¡Y vaya si pasé las pruebas! Con mucho esfuerzo y trabajo, pues siempre he tenido que demostrar lo que valía.

Mi familia cambió de opinión, se dieron cuenta de que podía ser independiente y autónoma.

Soy consciente de que si hubiese nacido en un país subdesarrollado no lo hubiese conseguido, pero aún aquí y después de unos años, sigo viendo casos de machismo. Yo tuve acceso a una educación, pero a muchas mujeres no les permiten estudiar y es la base para lograr la igualdad de género y una sociedad más tolerante y civilizada.


(Categoría La Rioja)

viernes, 22 de abril de 2016

VACÍO. - Por L.M.O.A.

Hay un vacío en el medio, un vacío en mi cama, un vacío en mi alma.
Hay un vacío en medio de nosotros, en el mundo y en lo profundo.
Es un vacío que tratamos de maquillar, de llenar y de olvidar,
pero ahora el vacío es tan grande que no lo podemos negar.

Vacíos están nuestros bolsillos, nuestros anillos y nuestros amigos.
Vacía está la tierra que se aferra a su vida.
Vacío esta el mundo que no nota que está mudo.
Vacíos estamos todos los que vivimos y destruimos.
Vacío esta el cielo que nos mira con recelo.

Hay un vacío en la tierra que poco a poco se va quedando muerta,
vacía esta mi huerta que no amula ni pelecha.
Vacía está la hacienda, roñosa y mañosa.
Vacía está la tierra imponente y vigorosa.

Vacío está el planeta que nos afrenta y nos aborta,
Vacía está mi casa que se agrieta y se arrebata.
Vacía está mi cama en la que no quedará si no mi alma.


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MENTE SANA, CUERPO SANO. - Por L.M.O.A.

En la mayor parte del mundo no se concede a la salud mental y a sus trastornos la misma importancia que a la salud física; al igual que muchas enfermedades orgánicas, los trastornos mentales y conductuales son consecuencia de una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales; sin embargo, el presupuesto para salud mental de la mayoría de los países es inferior al 1% del gasto total en salud.

Estos trastornos afectan a personas de todas las edades en todos los países y son causa de sufrimiento tanto para las familias y las comunidades como para los individuos. En la mayor parte de los casos pueden diagnosticarse y tratarse de manera eficaz, pero la indiferencia de la sociedad y/o el abandono estatal han permitido que los casos se incrementen convirtiendo a los trastornos mentales en un ¨fantasma¨ para los sistemas de salud en el mundo. Distinguir entre salud mental y salud física, no deja de ser una división creada por el lenguaje; pues los trastornos mentales son también problemas de Salud Pública que merecen políticas de tratamiento, preventivo y correctivo.

Nuestra tarea es comprender trastornos como la depresión que como se cree erróneamente no es una enfermedad ¨individual¨ que afectan al individuo en su ehtos si no que también afectan a su cuerpo y a su relación con la comunidad. El comportamiento de un individuo en materia de salud depende en gran medida de su salud mental, ¨Mente sana, Cuerpo Sano¨.


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HORA DE RECONSTRUIR NUESTRAS CERTEZAS. - Por E.O.P.

Esta ya no es época de milagros, los niños no juegan en las calles y los bufones invaden de diez a diez nuestras salas de estar. Son, sin duda, malos tiempos para la fe.

Al llegar a casa, J. enciende la televisión. Escucha de fondo el rumor de la presentadora. 2 nuevos desahucios. 41 millones de euros robados. 125 muertos en el Mediterráneo. 3412 refugiados gaseados. J. mira extrañado la televisión. Un chasquido se escapa entre sus labios. Números y más números se deslizan por su retina. Números fríos, sin una cara detrás. Números que no tienen culpa de nada. Números que lo explican todo.

Explican las fronteras que se inventaron hace ya unos siglos; la deuda infinita de África; el hambre del hemisferio sur y el olvido de los pobres en el del norte. El humo tragándose las ciudades; humo convertido en neblina espesa, casi llovizna ácida, allá por Asia. Explican el petróleo y Siria en ruinas. Explican las casas vacías, los edificios por acabar y un cartón extendido en el subterráneo acompañado de un periódico a modo de almohada improvisada. Explican todos y cada uno de los derrumbes de certezas a los que hemos asistido impasibles desde nuestros sillones.

Explican todo y, sin embargo, J. solo hace que pensar en las camisas de su armario, todas iguales y bien planchadas, camisas destinadas algunas a no ser usadas jamás, nuevas y viejas a la vez.

Por fortuna, J. se recuerda que sus pequeñas contribuciones no deben caer en el olvido. Recicla, ayuda a un par de ONG y está pensando en comprar una placa solar para la terraza. Además, sigue los consejos de ahorro energético que la doña Pilar, la vecina del quinto, le dicta cada vez que toman el ascensor. No es mucho, lo sabe, pero es más que lo que hace el resto de su pandilla.


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jueves, 21 de abril de 2016

ATISBO DE LUZ. - Por C.T.A.

Todo está negro. No escuchas nada. Solo hay silencio. Un silencio aterrador. No puedes moverte. Te das cuenta de que estás atada a algo rígido que se te clava en la espalda, pero a pesar de eso no eres capaz de sentir el dolor. Te has acostumbrado a él. Eso no es bueno, significa que llevas así mucho tiempo. El pánico se va apoderando de cada milímetro de tu cuerpo cada vez con mayor rapidez. Necesitas salir de ahí, de ese estado incierto y de opresión en el que te encuentras. Nada, no pasa nada. Intentas gritar pero algo te está tapando la boca. No es un trozo de tela, son unas manos, unas manos gruesas y despiadadas. El miedo te paraliza y te sientes vulnerable e impotente a la vez. Sin embargo sabes que eres fuerte. Más fuerte de lo que en realidad te imaginas. Algo dentro de ti se enciende y de la nada un atisbo de luz empieza a emerger. La oscuridad se va disipando paulatinamente pero lo que ves es una realidad mucho más oscura: cientos o incluso miles de mujeres van apareciendo a tu alrededor. Están en la misma situación que tú. 

La negrura ha desaparecido por completo y ahora puedes ver con claridad que lo que te retenían eran cadenas. La rabia y las ganas de luchar ganan al terror ante la tan deshumana escena. Las cadenas empiezan a desvanecerse. No solo las tuyas. Todas las mujeres están libres. Algo ha cambiado. Un espíritu de optimismo y rebeldía inunda la estancia. Sientes el apoyo de las otras. Todas sois una. Y tenéis un mismo objetivo común: hacer que esas cadenas y esas manos que os mantenían prisioneras no resurjan.

Aquella chispa que se encendió dentro de ti ha logrado alcanzar la libertad.


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GRANO A GRANO. - Por S.G.U.

Vaya reto para un cocinillas hacer una paella para treinta personas. Por eso, le sorprendieron los elogios y la recaudación mayor que la esperada. Su hermano se centró en los jabones, los recopilaba en los hoteles que tanto frecuentaba y hasta los “distraía” del carro de la limpieza burlando a las cámaras de seguridad, como un postmoderno Robin Hood. A su hermana la tradicional venta de papeletas navideñas se le quedó corta, así que organizó una concurrida fiesta de solteros. Hasta la abuela contribuía comprando cartones de bingo en el hogar del pensionista. Y otros veteranos comprometidos eran los antiguos tunos que en un mes ofrecieron un recital tan taquillero como los de antes. Aunque lo más lucrativo y trabajoso, era el mercadillo anual. Todos se afanaban en recopilar, clasificar, ordenar, tasar y, sobre todo, recaudar.

Gracias a esas iniciativas dispares, como los granos de arroz de la paella fueron confluyendo y en la otra punta del mundo, se transformaron en el primer pozo de agua del poblado que, por fin consiguió una cosecha tan fecunda que hasta tuvieron que almacenar. Tras el silo, llegó la escuela y aprovechando su ampliación surgió el botiquín atendido en sorprendente armonía por el chamán y la primera enfermera diplomada que salió del poblado. Ambos recetaban jabón a todos y hasta iban a la escuela a enseñar cómo hacer un buen lavado de manos. Todo ello bajo el cartel que les recordaba el nombre de la ONG que les había dado una vida mejor: “Hijos del agua”.


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EL PRINCIPITO. - Por G.A.R.

Soy el niño más afortunado del mundo. No lo digo por decir. Sino porque soy el único de mis amigos que vive en un castillo. Sí, has leído bien, en un castillo. En mi castillo siempre usamos velas cuando cae la noche. Mi Mamá dice que es mejor que la electricidad y en los castillos no se usa luz artificial. De camino al colegio vamos siempre andando porque no tenemos coche y no podemos permitirnos un caballo, a pesar de pertenecer a una dinastía importante, dice mi Papá. En mis aposentos siempre hay grietas y los días de lluvia mi Mamá tiene que colocar cubetas de forma estratégica para que no se encharque todo mi dormitorio. Las paredes no están pintadas. Es el ladrillo lo que reina en todo el hogar. Mis padres nunca comen conmigo. Dicen que al ser un príncipe debo de comer en soledad.

Soy el niño más afortunado del mundo. Soy hijo de unos Reyes importantes.

Al crecer me fui dando cuenta que aquel quinto sin ascensor a las afueras de la ciudad era de todo menos un castillo. Era una casa ocupada por mis padres porque el banco nos desahució. Aún puedo recordar al pasar por aquella casa el universo que mis padres crearon para no hacerme sentir mal.

Ahora vive otra familia de la que soy amigo y la visito siempre que puedo.

Bajo del coche y toco el claxon varias veces para que la más pequeña del castillo se asome.

- ¡Su carroza está lista princesa! - le grito antes de que baje para llevarle al colegio.


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OLAS DE PLÁSTICO. - Por M.R.G.G.

Un brusco vaivén me despierta repentinamente. Me incorporo sobre la litera y veo a Raquel ya vestida,

-¡Corre!, apresúrate, hay que subir a cubierta.

Raquel y yo somos compañeras además de amigas, juntas nos hemos embarcado en esta aventura. No nos falta entusiasmo ni empeño, pensamos que este proyecto de la Universidad se ajusta al rumbo que queremos tomar. Nuestra aportación servirá para limpiar parte de la basura que flota como archipiélagos venenosos sobre el mar. Mueren multitud de aves marinas y mamíferos acuáticos a causa de esta polución.

La tormenta amaina, entre las ponzoñosas nubes se asoma una luz que despierta el alma, amanece sobre nuestra inmensa pequeñez.

El claqueteo in crescendo atrae nuestra atención, un abanico de desperdicio plástico flota a la deriva, una inmensa postilla; una herida hostil y despiadada.

Llegado a este punto Martín nos da instrucciones a todo el equipo de voluntarios, ¡aquí hay mucho que atrapar!

Funcionando como piezas encajadas en un puzle, la labor disminuye y concluye. No las fuerzas y las ganas de engullir esta lacra.

Pronto volveremos a casa, dejando atrás cielo plástico y agua, alimentado el corazón de belleza, aflicción y firmeza. ¿Puede alguien detener el despropósito de esta injusticia?


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EN CASA DE LA ABUELA. - Por A.T.S.

Juan mira desde fuera de la tapia como su abuela trajina por la huerta. Ha sujetado el delantal por el borde improvisando una bolsa donde, con la mano que le queda libre, va colocando unos tomates, algunos pimientos y un puñado de alubias verdes. Aún arranca una lechuga, le sacude la tierra y le quita algunas hojas que arroja por encima de la valla que rodea el espacio destinado a las gallinas. Juan abre la cancela de madera y entra acercándose a su abuela mientras la saluda con la mano. Una hora después están sentados a la mesa dispuestos a comerse las verduras que la abuela acaba de recolectar acompañadas de unos huevos que el propio Juan ha recogido, como cuando era un niño.

- Abuela, ¿sabes que esto que haces se llama producción y consumo responsable?

- No hijo, esto se llama sacar provecho de lo que da la tierra para ir viviendo, ni ricos ni pobres, como se ha hecho toda la vida.


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DESCARRÍO. - Por J.L.S.

El olor se hacía insoportable, casi tanto como el calor. No corría el viento, apenas existía; una leve brisa acariciaba su pelo, mezclada con el humo. El cielo, atroz como el peor de los sueños, ocultaba toda esperanza. Las nubes negras colmaban el espacio y las enormes columnas de humo ascendían hasta perderse en la inmensidad. La tierra estaba seca, sin el menor ápice de vida. Era como el barro seco. La arena estaba árida y con un toque rojizo parecido al óxido.

—¿Por qué me has traído aquí? -Preguntó el joven. Estaba confundido. Tapaba con las manos sus fosas nasales para no seguir respirando aquel aire desalentador.

—Me preguntaste como sería la Tierra dentro de cien años y yo te respondo, muchacho –manifestó el anciano-. No me creíste cuando te dije que tenía el poder de visualizar el futuro, de ver a través de los ojos del tiempo.

—Pero…aquí no hay nadie. No veo nada, solo humo y arena.

—Ya nada existe –declaró el anciano-. La guerra del petróleo acabó con todo. Fue el principio del fin. Las energías alternativas quedaron terminantemente prohibidas y su investigación quedó relegada al olvido. El planeta no pudo soportarlo…y acabó con nosotros. Y nosotros con todo.

—¿Y qué puedo hacer? No lo entiendo. Solo soy un crío. ¿Por qué me enseñas esto?

—Y por eso eres nuestra esperanza. Eres el futuro, junto a otros millones de jóvenes en todos los rincones del planeta. Esto es lo que quedará en un futuro. Fuego, humo y oscuridad. No se trata de la acción de una sola persona, sino de un gran colectivo que luche día a día por la supervivencia de nuestro hogar. Este sendero conduce a la perdición. Pero hay otros caminos.

—Caminos que deben ser descubiertos…descubiertos con la ayuda de todos.


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