Mi nombre es Nahir Obukhov y nací en un pequeño pueblo de Uzbekistán. Hoy es un día especial, mi decimoctavo cumpleaños. Mamá y papá habían prometido llevarme al lugar retratado en las hojas, a ese lugar con el que tanto tiempo llevaba soñando. Prácticamente cada noche una avalancha de imágenes surcaban mi mente, encendían la mecha de la imaginación y una bomba de ideas y esperanzas explotaba en mí. Por fin había llegado el momento. Recogimos unos cuantos enseres, algo de comida y nos encaminamos hacia nuestro destino. Durante las dos horas que nos costó llegar no dejaba de vislumbrar el lugar, de fantasear con los barcos pesqueros que nos encontraríamos, con las canciones que los marineros cantarían en el puerto. Deseaba ver por fin el inmenso lago del que tanto había oído hablar, su vaivén, sumergirme bajo sus aguas y olvidar los problemas que me atormentaban.
Por desgracia nada de esto llegó a buen puerto. Todo se torció en el preciso momento que vi aquel cartel. “Mar de Aral”. No podía creer lo que mis ojos me enseñaban, eso no podía estar pasando. Intenté oír los cantos del puerto pero lo único que logré oír fueron unos suspiros ahogados. Me giré y mi corazón se contrajo. Dolía verles sufrir. Antes esto no era así, según mi “buvi”, 50 años atrás los barcos zarpaban y regresaban cargando pescados y felicidad. Ahora todo lo que podía ver eran pesqueros encallados en páramos de arena, inclinados, como caídos del cielo. Esto ya no era ni la mitad de majestuoso de lo que había llegado a ser. No había ningún pez capaz de soportar tanta salinidad, no había barco capaz de surcar los escasos centímetros de agua. Cualquier corazón que en su momento había amado este lugar, al regresar, lo sentía cómo extraño.
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jueves, 7 de abril de 2016
EL MAR FINITO. - Por M.M.G.
AYLAN KURDI.- Por A.P.
La sala fue devorada por una profunda oscuridad y de inmediato se iluminó la pantalla.
Eran imágenes sueltas. Aparecían una tras otra a una velocidad vertiginosa. En todas las reproducciones se veía el cuerpo del pequeño. Desparramado sobre la arena… En brazos de un uniformado, que lo cargaba como quien carga una bolsa… Otras mostraban titulares, de periódicos, con su nombre destacado en negritas. Se iban sucediendo imágenes de las primeras planas de diarios de todo el mundo. Luego destellaron links de páginas web en las que también se leía remarcado Aylan Kurdi.
Finalmente aparecieron escenas de noticieros televisivos dando la dramática noticia. La alocada cinta, que traducida al lenguaje gráfico era una especie de collage, pasó incontables veces. En un continuado sin pausas; matizado sólo por cambios bruscos en la secuencia de la música de fondo de la transmisión.
De súbito, sin indicio alguno que sugiriera un final, cesó la transmisión.
Pocos instantes después la audiencia comenzó a inquietarse porque las luces permanecían apagadas. El clímax, generado por la conjunción de la intensa oscuridad y la creciente ansiedad de la gente, se fue tornando de una densidad insoportable. Sentía que me faltaba el aire. Temí morir de anoxia.
Inesperada, la voz en off de un infante quebró el silencio. En un tono abrumador el niño sentenció: no morí ahogado por el agua del océano. Me hundí en las profundidades de la indiferencia; de un mundo lleno de codicia y vacío de humanidad. La audiencia enloqueció de furia. Alguien se puso de pie y comenzó a maldecir. Propinaba insultos a los organizadores. Los acusaba de estafa y amenazaba con demandarlos. De inmediato muchos se sumaron al reclamo profiriendo todo tipo de improperios.
Se encendieron las luces. Me temblaban las manos y entre ellas, estrujado, el volante que me había llevado hasta el lugar. Rezaba: Gran Premier del film “El fin de la humanidad”. Entrada libre y gratuita.
Eran imágenes sueltas. Aparecían una tras otra a una velocidad vertiginosa. En todas las reproducciones se veía el cuerpo del pequeño. Desparramado sobre la arena… En brazos de un uniformado, que lo cargaba como quien carga una bolsa… Otras mostraban titulares, de periódicos, con su nombre destacado en negritas. Se iban sucediendo imágenes de las primeras planas de diarios de todo el mundo. Luego destellaron links de páginas web en las que también se leía remarcado Aylan Kurdi.
Finalmente aparecieron escenas de noticieros televisivos dando la dramática noticia. La alocada cinta, que traducida al lenguaje gráfico era una especie de collage, pasó incontables veces. En un continuado sin pausas; matizado sólo por cambios bruscos en la secuencia de la música de fondo de la transmisión.
De súbito, sin indicio alguno que sugiriera un final, cesó la transmisión.
Pocos instantes después la audiencia comenzó a inquietarse porque las luces permanecían apagadas. El clímax, generado por la conjunción de la intensa oscuridad y la creciente ansiedad de la gente, se fue tornando de una densidad insoportable. Sentía que me faltaba el aire. Temí morir de anoxia.
Inesperada, la voz en off de un infante quebró el silencio. En un tono abrumador el niño sentenció: no morí ahogado por el agua del océano. Me hundí en las profundidades de la indiferencia; de un mundo lleno de codicia y vacío de humanidad. La audiencia enloqueció de furia. Alguien se puso de pie y comenzó a maldecir. Propinaba insultos a los organizadores. Los acusaba de estafa y amenazaba con demandarlos. De inmediato muchos se sumaron al reclamo profiriendo todo tipo de improperios.
Se encendieron las luces. Me temblaban las manos y entre ellas, estrujado, el volante que me había llevado hasta el lugar. Rezaba: Gran Premier del film “El fin de la humanidad”. Entrada libre y gratuita.
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COMUNIÓN.- Por A.P.
La imagen de la pequeña niña malí era tan vívida y conmovedora que la recordaría por siempre.
Especialmente recordaría su mirada.
El dolor por la traición inscripto en sus enormes ojos negros.
La catarata de lágrimas brotando incesante. Y su denuncia que no necesitaba de palabras.
Su propios abuelos, a los que amaba y en quienes confiaba, la habían forzado a la mutilación.
El sueño logró lo que seis meses de orientación vocacional no habían conseguido.
Helena despertó sabiendo que dedicaría el resto de su vida a evitar que niña alguna, jamás, tuviese que pasar por un ultraje semejante.
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Especialmente recordaría su mirada.
El dolor por la traición inscripto en sus enormes ojos negros.
La catarata de lágrimas brotando incesante. Y su denuncia que no necesitaba de palabras.
Su propios abuelos, a los que amaba y en quienes confiaba, la habían forzado a la mutilación.
El sueño logró lo que seis meses de orientación vocacional no habían conseguido.
Helena despertó sabiendo que dedicaría el resto de su vida a evitar que niña alguna, jamás, tuviese que pasar por un ultraje semejante.
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martes, 5 de abril de 2016
MIENTRAS HALLA EL MODO DE EMPUÑAR NUEVAMENTE EL BISTURÍ. - Por J.A.R.
A despecho de las advertencias de sus jefes de abstenerse de meter el hocico donde nadie la ha llamado, la doctora Garzón, harta de desidia y manoseo, se dirigió a la clínica de la mujer y, amparada en la ley, le practicó un aborto a Tina, chiquilla de once años, violada y golpeada a mansalva, primero por su tío y luego por médicos y funcionarios públicos quienes, esgrimiendo la objeción de conciencia, se negaron a cumplir con su deber.
De regreso al hospital donde trabajaba, público y laico pese a su mote de santo de la edad media, se enteró de que fue despedida por no diligenciar durante todo un mes el formato E-46 del Sistema de Gestión de Calidad, situación que aprovecha el Ministerio Público para abrirle un proceso disciplinario que le impida ejercer su profesión durante los próximos veinte años.
La doctora -que sabe a pie juntillas que le están pasando cuenta de cobro por su acto rebeldía, el formato de marras no lo conocen ni sus creadores-, amusgada y magullada, ni que fuera de piedra, se quita el repeluco como puede y demostrando que no está muerto quien pelea, se pone a trabajar de voluntaria en la Asociación de Víctimas de Violencia Sexual redactando quejas y solicitudes, mientras halla el modo de empuñar nuevamente el bisturí.
Y lo empuñará llueva, truene o relampaguee, aunque reviente de rabia toda la grey de patriarcas de su comarca.
De regreso al hospital donde trabajaba, público y laico pese a su mote de santo de la edad media, se enteró de que fue despedida por no diligenciar durante todo un mes el formato E-46 del Sistema de Gestión de Calidad, situación que aprovecha el Ministerio Público para abrirle un proceso disciplinario que le impida ejercer su profesión durante los próximos veinte años.
La doctora -que sabe a pie juntillas que le están pasando cuenta de cobro por su acto rebeldía, el formato de marras no lo conocen ni sus creadores-, amusgada y magullada, ni que fuera de piedra, se quita el repeluco como puede y demostrando que no está muerto quien pelea, se pone a trabajar de voluntaria en la Asociación de Víctimas de Violencia Sexual redactando quejas y solicitudes, mientras halla el modo de empuñar nuevamente el bisturí.
Y lo empuñará llueva, truene o relampaguee, aunque reviente de rabia toda la grey de patriarcas de su comarca.
lunes, 4 de abril de 2016
ELOGIO AL EGOÍSMO INTELIGENTE. - Por Holón
(1) La egoísta inteligente se da cuenta,
ve más allá de su ombligo;
stricto sensu: no es idiota.
Quiere lo mejor para sí.
Y sabe, porque lo nota,
que ese sí es más ancho de lo aparente.
(7) Así que actúa en beneficio propio.
Es egoísta.
Y siente que su propiedad es lo común:
serlo todo.
Es inteligente: intelige, comprende, abarca, asume, abraza con la mente.
Y es sensorial: experimenta, saborea, se deleita en cada nonada.
Por su propio bienestar, cuida.
En los diecisiete ve el uno.
Se encuentra en el corto y en el largo plazo al unísono.
Sabe, porque lo vive, que para que el mundo esté de su parte
tiene que saberse parte. Sentirse parte. Ser parte. Y obrar en consecuencia.
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domingo, 3 de abril de 2016
PAISAJE IMPRESO. - Por R.O.D.A.
Los pequeños, hastiados del viaje, comenzaron a expresar su fastidio. El padre les entregó una revista indicando que prestaran especial atención en las imágenes. Los niños se abocaron con interés volteando las páginas entre comentarios y exclamaciones de asombro.
Preguntó a los niños si desearían visitar el paisaje fotografiado en la revista, y la respuesta fue una jubilosa afirmación. Estarían complacidos de conocer ese hermoso lugar.
Continuaron por la carretera, y un par de kilómetros más adelante tomaron un desvío. Eufóricos en ansiedad transitaron un trecho, hasta que el hombre detuvo el vehículo.
Bajaron en un lugar desierto y señaló el sitio diciendo que este era el lugar.
No era posible, le increparon los niños. Nada de lo que se viera en la fotografía estaba presente, el lago se había secado, los árboles no existían, los pájaros estaban ausentes.
Explicó que para que fuera posible imprimir esa revista debieron talarse los árboles, el cauce del río se había modificado para alimentar un generador eléctrico, y al quedar el lago seco, las aves emigraron.
Acosaron al padre con preguntas y recibieron una lección sobre cuidar recursos y mantener el equilibrio de la naturaleza. En respetuoso silencio asimilaron la enseñanza, luego arrojaron la revista, y se marcharon decepcionados.
Al año siguiente, a pedido de los niños regresaron para plantar un árbol. Allí, en el mismo lugar donde cayera la revista. Donde la tierra espera que le devuelvan el paisaje, el que le arrebataran para exhibirlo en un papel.
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Preguntó a los niños si desearían visitar el paisaje fotografiado en la revista, y la respuesta fue una jubilosa afirmación. Estarían complacidos de conocer ese hermoso lugar.
Continuaron por la carretera, y un par de kilómetros más adelante tomaron un desvío. Eufóricos en ansiedad transitaron un trecho, hasta que el hombre detuvo el vehículo.
Bajaron en un lugar desierto y señaló el sitio diciendo que este era el lugar.
No era posible, le increparon los niños. Nada de lo que se viera en la fotografía estaba presente, el lago se había secado, los árboles no existían, los pájaros estaban ausentes.
Explicó que para que fuera posible imprimir esa revista debieron talarse los árboles, el cauce del río se había modificado para alimentar un generador eléctrico, y al quedar el lago seco, las aves emigraron.
Acosaron al padre con preguntas y recibieron una lección sobre cuidar recursos y mantener el equilibrio de la naturaleza. En respetuoso silencio asimilaron la enseñanza, luego arrojaron la revista, y se marcharon decepcionados.
Al año siguiente, a pedido de los niños regresaron para plantar un árbol. Allí, en el mismo lugar donde cayera la revista. Donde la tierra espera que le devuelvan el paisaje, el que le arrebataran para exhibirlo en un papel.
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viernes, 1 de abril de 2016
SE HA PERDIDO EL SOL.- Por M.R.N.F.
Todos salimos a buscarlo. Hasta las nubes se han empeñado en dar con él, y andan dispersas, resueltas a cubrir el máximo de terreno posible. Mientras, abajo el caos se instala. - ¿Qué haremos a partir de ahora?- Margarita Pamelas está desolada- Dos meses llevaba con la terapia. ¡Dos! Unos cuantos rayitos al día y ¡hasta nunca, depresión! ¿Qué será de mí sin él?
El Señor Bronceado le tiende la mano- Me congratulo con usted. Mire mi piel- se señala- Brillante, saludable… De no encontrarlo pronto, dejará de lucir este aspecto tan atractivo.
- ¡Y yo, que dormía a pierna suelta desde que el verano empezó!- protesta María Marmota- ¡El calcio para mis huesos! ¡Palidecerán mis petunias!
- Es culpa nuestra- asegura Monsieur Jinx- por no frenar los efectos del cambio climático usando su energía en nuestras ciudades. Se ha marchado… para no regresar jamás.
- ¡Haya calma!- es el alcalde, que llega encabezando un desfile de individuos pertrechados de toda clase de herramientas de caza- ¡Escaleras!- ordena. Los operarios despliegan unas cuantas, se encaraman a ellas y suben los miles de peldaños que los separan del cielo.
Después de un par de horas se detiene la búsqueda y descienden los primeros exploradores.
- ¡Suelte eso, merluzo!- brama el regidor al comprobar que uno de sus subalternos arrastra consigo una red donde un grupo de asustadas aves aletea con frenesí. Liberados por la mano del alcalde, los animales regresan arriba, entre graznidos. El público lo celebra con gritos de júbilo y estruendosas palmadas. Tal es el desorden que el cielo retumba.
- ¿Quién osa despertarme tan temprano?- rezonga una voz, y unos rayos dorados encienden la mañana.
El Señor Bronceado le tiende la mano- Me congratulo con usted. Mire mi piel- se señala- Brillante, saludable… De no encontrarlo pronto, dejará de lucir este aspecto tan atractivo.
- ¡Y yo, que dormía a pierna suelta desde que el verano empezó!- protesta María Marmota- ¡El calcio para mis huesos! ¡Palidecerán mis petunias!
- Es culpa nuestra- asegura Monsieur Jinx- por no frenar los efectos del cambio climático usando su energía en nuestras ciudades. Se ha marchado… para no regresar jamás.
- ¡Haya calma!- es el alcalde, que llega encabezando un desfile de individuos pertrechados de toda clase de herramientas de caza- ¡Escaleras!- ordena. Los operarios despliegan unas cuantas, se encaraman a ellas y suben los miles de peldaños que los separan del cielo.
Después de un par de horas se detiene la búsqueda y descienden los primeros exploradores.
- ¡Suelte eso, merluzo!- brama el regidor al comprobar que uno de sus subalternos arrastra consigo una red donde un grupo de asustadas aves aletea con frenesí. Liberados por la mano del alcalde, los animales regresan arriba, entre graznidos. El público lo celebra con gritos de júbilo y estruendosas palmadas. Tal es el desorden que el cielo retumba.
- ¿Quién osa despertarme tan temprano?- rezonga una voz, y unos rayos dorados encienden la mañana.
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miércoles, 23 de marzo de 2016
Post, Relatos concursantes
A partir del 1ro de abril tu relato puede concursar y estar publicado aquí.
¡Participar es muy fácil!
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